La sinceridad y humildad

Hace poco leí un artículo de una profesora de yoga que hablaba sobre los miedos del profesor, la vulnerabilidad y la idealización, el cual me resonó, y me motivó a escribir mi propia experiencia y compartir esa parte vulnerable que todos llevamos dentro, de ese momento que significo un antes y después.

Tengo cierta tendencia a ser consciente o estar lo más consciente de cada momento presente, en lo que hago, en lo que digo y como lo digo.

El artículo me sirvió para ver que estoy conectada con mi parte emocional.

Recuerdo que en el periodo de formación tuve uno de los momentos que me marcaron y a la vez me ayudaron a crecer como persona.

Uno de los días me tocó salir delante de mis compañeros para guiarlos, como si estuviera dando una clase de yoga a un grupo de alumnos (cada vez que se comienza una práctica se canta un mantra, el mantra inicial). Es increíble como en cuestión de segundos tu cuerpo puede cambiar de un estado a otro…Vaya cocktail de emociones y sentimientos pude sentir, para mí era una situación  incómoda e intensa, mi cuerpo de repente empezó a manifestarse, aún recuerdo la reacción fisiológica que se generó, la cara se me puso roja y muy caliente, la garganta se me cerro y no podía hablar, el corazón me latía muy deprisa, mi cabeza no paraba de tener ideas de boicot hacia mí misma, y toda esa presión terminó en un bloqueo que no me dejo cantar ni guiar y ante semejante situación me puse a llorar, no podía para de llorar…de rabia, frustración, vergüenza…

Estaba siendo muy dura conmigo y enseguida inconscientemente  busque un responsable de mi estado, y en este caso fue mi maestro Marco, porque yo pensaba que el me expuso ante una situación en la cual yo aún no estaba preparada y el eso lo tendría que haberlo visto.

Pero la cuestión es que ese era el momento de afrontar y reconocer mis propios miedos, mis prejuicios y sobretodo de asumir con humildad que no pasa nada si no sabes o no puedes.

¿Quién no ha sentido miedo, nervios, inseguridad ante una situación nueva donde debes exponerte a mostrar, enseñar, explicar… lo que sea que te saque de tu zona de confort.

Y como dice W. Shakespeare: “No existe nada bueno ni malo, es el pensamiento humano que lo hace aparecer así.”

O quizás más preciso Nietzsche: “No hay hechos, solo interpretaciones…”

Es verdad que tenemos tendencia o al menos eso me pasa a mí, que tiendo a idealizar a la persona que tengo enfrente de mí, creyendo que lo sabe todo y cuando algunas dudas o preguntas no tienen respuestas, me sorprende y me cuestiono cómo es posible que no lo sepa?…

Pero en el fondo es una proyección mía, de que creo que uno tiene que saberlo todo, sino no es bueno….

Y sinceramente: quién puede saberlo todo?

Pensando así es difícil disfrutar de lo que haces, porque siempre encontrarás que algo falta por saber o que simplemente hay una forma mejor de hacerlo.

Yo pienso que cuando eres tan exigente con los demás o contigo mismo, detrás hay cierta falta de confianza.

Por eso cuando descubrí que no se trata de demostrar sino de compartir, de disfrutar todos los nervios o miedos desaparecen, no hay lugar para los miedos.

Porque cuando lo haces desde el corazón, nada puede ser malo.

 

No pasaron muchas clases en las que decidí dejar de sufrir, aceptarme, y así poder dar lo mejor de mí a los demás. No se trataba de cómo lo hacía, sino más bien por qué lo hacía, y fue ahí cuando el trasmitir tuvo un antes y después, no solo para mí, sino para mis alumnos. No hay mayor satisfacción en el mundo  que sentirte a gusto contigo mismo.

Pero no hay que confundir las tres clases de ignorancia, no saber lo que debería saberse, saber mal lo que se sabe y saber lo que no se debería saber. Si tú quieres ser tu mejor versión, y ayudar a los demás, estudia lo que te gusta, mira que sea un lugar fiable, no te quedes con lo que has aprendido, siempre es bueno reciclarse, no subestimes a nada ni nadie, nunca sabes quién te puede enseñar eso que necesitas.

Si te dedicas a enseñar, acepta que los verdaderos maestros serán tus alumnos, la teoría sin práctica no son más que palabras, ellos le dan sentido a todo lo aprendido.

En más de una ocasión me pasó que un alumno se sorprenda si digo que hay veces que me cuesta hacer la práctica, o que cierta asana me cuesta, que te duele o notas como estira el músculo, pero la mejor para mí es la que más gracia me hace: tú nunca te enfadas? Como no me voy a enfadar? Si yo también estoy aprendiendo, si yo también tengo mis días en que la energía y la vitalidad no están al 100 % y caigo en la trampa de reaccionar.

Cuando veo a un alumno que tiene facilidad en ciertas posturas y en cambio son las que a mí me llevan más trabajo, le motivo a que esté contento con su trabajo, y no es que comparo pero sí que le muestro que cada uno tiene su propio trabajo, que cada cuerpo es distinto, que detrás de cada uno hay una historia personal y un trabajo por hacer…..

Vivir la vida con una actitud abierta, flexible, sincera nos permite disfrutar del aprendizaje, del camino que a todos nos toca recorrer.

Ahora que estoy en los dos papeles, pude ver que mi maestro cuando me decía que no sabía, estaba siendo sincero y humilde y no se dejaba llevar por la presión del papel de maestro.

Todas esas situaciones que nos incomodan en verdad son bendiciones, ya que nos están dando la oportunidad de practicar la humildad, la sinceridad, la aceptación y mostrarse con valor.

Es tiempo de cambiar el foco de atención, de dejar de creer que si te muestras sin máscaras, sin ese personaje te vuelves débil o vulnerable ante los ojos de los demás, y comprender que ser uno mismo, es ser una persona valiente, fuerte, libre

En este ocasión  invite a Júlia Zatta,  mi profesora de anatomía en la formación, que compartiera su experiencia …

Ella es una persona muy dulce y tiene la cualidad de hacer fácil lo difícil …. cuando estás en su clase no parece que estés aprendiendo anatomía….

Le estoy muy agradecida por haberme enseñado a tomar conciencia de lo importante que es conocer el cuerpo, escucharlo, entenderlo para poder realizar una práctica desde el respeto o para enseñar.

¿Podrías hacerme una reflexión sobre ese momento o situación en la que falta la motivación para dar una clase o hacer la práctica y te encuentras que tus alumnos te idealizan y tú te muestras sincera ? O como reacciones ante una situación así?

Cómo enfrento los momentos en los que me falta motivación para dar una clase o hacer mi práctica?

 

Creo que lo más importante para mí es no castigarme ni autoflagelárme. Si puedo permitirme un break me lo tomo. Si me equivoco me perdono. La cuestión es ser amable conmigo misma. Es decir observo el lugar desde dónde hago las cosas. Por ejemplo la práctica de yoga puede ser un castigo o un regalo, según como me la tome. Si practico yoga porque no me siento suficientemente yogui, o cumplidora, o lo que sea, mi punto de partida es una frustración contra mi, y todo lo que siga será un castigo porque no me siento suficiente.

Así que antes de actuar observo que es lo que me pasa. Si veo que el punto de partida es un discurso negativo y castigador cambio el diálogo interno y me recuerdo que practicar yoga asana es un regalo.  Un regalo que solo me puedo hacer yo a mi misma y que mi cuerpo agradece un montón. Así que en eso estoy en época de autoregalo. A veces el regalo es un día de descanso o una práctica más suave, según lo que sienta que necesito.

Y con el trabajo igual. Me doy cuenta que tengo la tendencia a tomar una postura dramática y victimista conmigo misma. A veces me pillo con ese discurso en la cabeza:“Buff!! No quiero trabajar. Pobre de mi que trabajo en fin de semana!” o algo así. En ese momento intento darme cuenta de que hago este trabajo porque escogí este camino. Y qué es un regalo poderme dedicar profesionalmente a lo que me gusta. Después me recuerdo que soy suficientemente buena profesora (en inglés I am enough). Porque sé que detrás de mis resistencias está la creencia que no doy la talla. Así que me busco una frase que me ayude con eso y me la repito delante de. Un espejo. Tengo 2 frases colgadas en mi despacho y las puedo ver desde aquí, dicen “elijo hacer esto” y “lo haré suficientemente bien”.

En cuanto al tema de cómo me perciben mis alumnos… no sé bien. Intento hacer mi trabajo de enseñanza lo mejor que pueda. Sé que enseño de forma clara y didáctica y que con eso les ayudo a atar cabos entre anatomía y yoga. Para mejorar en mi trabajo he pedido -y sigo pidiendo- mucho feedback. Esto establece un diálogo que se transforma en vínculo. El dar y recibir es recíproco, yo les ayudo a ellos y ellos me ayudan a mi. Es un dar y un recibir mutuo en el que nos mostramos. Es muy bonito y se crea una intimidad y un respeto mutuo aunque solo estemos hablando de anatomía.

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Fotos by Xavi Moya


Written by Natalia Melina Evangelista | Yoga Teacher | Fashion Stylist

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